El laboratorio eres tú

Atributos y procedimientos para un diseño más afectivo

 

La distancia entre el primer laboratorio que tuve el privilegio de vivir en el Medialab Conde Duque en 2002 y el lanzamiento del Laboratorio de Innovación Abierta de Repsol, es de 20 años. Lo que hemos visto en todos estos años es la proliferación de laboratorios de innovación en más lugares y ámbitos, públicos, privados, culturales, ecológicos, económicos, etc. Para quienes hemos vivido con intensidad desde este lugar, vemos que el mundo es ya un gran laboratorio. Y en realidad aún me pregunto ¿Por qué queremos separar laboratorio de realidad? ¿Por qué separar innovación de permanencia? ¿Por qué jugar a la distancia de un mundo donde ya estamos siendo laboratorizados por nosotros mismos? Entonces, debemos darnos cuenta que el laboratorio eres tú.

 

Mauro Gil-Fournier Esquerra

 

Este texto, es una invitación a extender la conversación que tuvo lugar en la entrevista que en Diseño y Diáspora, Mariana Salgado y Ricardo Antón mantuvieron conmigo acerca de las Arquitecturas Afectivas y sus posibilidades de transformación. En esa conversación Ricardo estaba en lo cierto: no se puede des·codificar toda la experiencia vital de uno, pero tampoco se pueden cerrar las experiencias personales, lo que cada uno vive, para precisamente poder arrojar algo de luz, en un camino que casi siempre es oscuro y difícil. De hecho, un acercamiento que hacemos desde la teoría afectiva, es precisamente poder componer desde lo personal y sus relaciones con lo estructurante. Es decir, lo personal sí importa y ofrece también nuevas cajas de herramientas para la transformación colectiva. Lo afectivo, en su mejor definición, no distingue entre lo propio y lo ajeno, pues se fundamenta en la posibilidad de creación de parentescos ajenos, como diría Baptiste Morizot. Dicho de otro modo, una transformación personal puede ser una experiencia que sirva a otros. Pero ¿cómo hacerlo? o ¿cómo desvelar los puntos concretos, prácticos y claros para poder reenfocar nuestra dirección? No es una tarea fácil. 

En el contexto de trabajo de los laboratorios de innovación, los lugares de estrategia para las ciudades, los thinks thanks urbanos, los lugares del pensamiento político y económico del futuro, necesitamos precisamente dejar de laboratorizar hacia otros, para hacerlo con nosotros mismos en un primer momento. Y poder llegar a sentir que el laboratorio eres tú. Es decir, hacer de la experiencia de transformación de un laboratorio propio una experiencia de transformación de la realidad colectiva. Dicho de otra manera, un laboratorio de nosotros mismos puede llegar a ser una verdadera herramienta de transformación social radical. Porque en este contexto de crisis permanentemente emergentes y recurrentes, un laboratorio de innovación no puede ser el lugar donde hacer de otra manera las cosas dentro de un modelo que nos lleva a las mismas crisis. Entonces, laboratorizarnos es dejar de pensarnos separados de un mundo con muchos problemas complejos, sino vivir·nos sin separación. De esta forma, todos somos un laboratorio. El laboratorio eres tú. 

 

¿Qué es entonces lo que queremos laboratorizar?

 

Desde este punto de mira, me atrevo a decir que lo que queremos laboratorizar es nuestra propia vida en común. Propia y común al mismo tiempo. Pero con nuestros propios miedos y nuestras virtudes. Con los anhelos y con las paralizaciones. Con la precariedad y la abundancia. Y en este camino de diseño con otros o sobre la vida de otros, tenemos que estar alerta para no llegar a generar una relación de optimismo cruel que “sucede cuando eso mismo que deseamos se convierte en el obstáculo de nuestra propia prosperidad“ como diría Laurent Berlant. Con el propósito de acercarnos a algo satisfactorio que no podemos generar por nuestros propios medios, lo vislumbramos en los procesos que queremos laboratorizar sean estos en formas de personas, objetos, modos de vida, proyecto o concepto…siguiendo a Berlant. Y desde allí ya creamos una distancia, pues el deseo, la ambición, la excitación que suscita esa posibilidad, nos separan del propio proceso que queremos laboratorizar. Y no es verdad, ¿que lo que deseamos laboratorizar, es decir experimentar y transformar, es en realidad nuestra propia vida en una vida más calmada, tranquila, dónde no se nos exijan resultados inmediatos, medibles, y tangibles? 

Entonces, es fácil poder confundir los lugares desde los que lanzamos nuestras propuestas, retos, innovaciones, etc… ¿Son las cosas que nosotros deseamos?, ¿son las que vienen impuestas por nuestras creencias, ideologías?, ¿son las que nos impone un programa político o económico determinado? O pueden ser lugares, en el mundo terrenal y cotidiano, donde experimentarse desde los afectos. ¿Podemos imaginar un laboratorio realmente desprejuiciado? ¿un laboratorio personal y colectivo al mismo tiempo? Un lugar desde donde lanzar un proceso de vida realmente emancipador. 

La innovación entonces es decir realmente lo que piensas. Es ser muy honesto con uno mismo. Y de esta manera, creo que no hay proceso de innovación o transformación si no hay incorporación concreta a nuestra realidad cotidiana. De esta forma podemos preguntarnos: ¿qué cosas diferentes he sido capaz de incorporar en estos años?, ¿cuántos aprendizajes estoy viviendo hoy? Porque no es lo mismo pensar·se que vivir·se. El laboratorio eres tú, significa que puedes vivir lo que quisiste transformar, no solo lo que llegaste a pensar alguna vez. Y todos estos procesos están estrechamente imbricados con los wicked problems que tenemos que afrontar hoy, como la emergencia climática, la desigualdad, la violencia machista, los desperdicios plásticos, los refugiados, la soledad no deseada, la obesidad, el agua limpia, los suelos vivos, el aire no contaminado, etc…

 

¿Por dónde comenzar?

 

Me gustaría poder ofreceros una serie de puntos muy concretos, que cómo si por arte de magia los aplicáramos, todo fuera como nosotros quisiéramos. Pero la realidad no es así… Cada persona, cada proyecto concreto está situado en una red de interacciones que lo performan, lo confeccionan, lo crean o lo destruyen. Aun así, quiero arriesgarme a enunciar algunos puntos para comenzar un laboratorio de ti mismo (solos o acompañados): 

> Parar el movimiento

    • Todo ser está en movimiento. Negarnos al movimiento es negar la mayor, la que no se puede negar. La vida es movimiento. Y el movimiento no es desplazamiento sino transformación. 
    • En ese movimiento, parar la marcha, observar·se, es siempre necesario y positivo.
    • Ser conscientes de los tipos de movimientos que nos amarran. Y trazar una línea hacia el movimiento que nos vincula.  
    • La velocidad y la aceleración postmodernas, se han convertido en el tiempo capitalista de la instantaneidad 24/7. Este no es el tiempo de la vida. 
    • La velocidad nos genera siempre imágenes. Y entonces proyectamos y nos movemos por las imágenes que pensamos que deseamos y en realidad no necesitamos. 
    • Si no somos capaces de parar el ritmo, el tiempo impuesto por otros (y por nuestra no resistencia al mismo) actúa como una forma de dominación de los cuerpos. 

> Escuchar·se

    • Escuchar en qué condiciones vitales estamos diseñando.
    • Y ahí podremos preguntarnos: ¿cuánto tiempo dispones para ti?, ¿cuánto tiempo dispones para los otros? 
    • También nos daremos cuenta de que podemos producir menos, pensar “un poco” menos, y movernos menos. 
    • Acercarnos al ritmo de las plantas es algo que sí podemos conseguir. Producir cuidando es un gran objetivo de vida. 
    • Pero claro, llegan las precariedades. ¿Cómo parar si no podemos sobrevivir? 
    • Llegan las condiciones afectivas colectivas y estructurantes: lo que conocemos que ejerce poder sobre nosotros. 
    • Y también las condiciones afectivas personales: lo que no conocemos que ejerce poder sobre nosotros. 

> Abrir·se

    • Podemos ver, una vez que hemos parado, lo que nos circunda, quienes nos ayudan, quienes quieren caminar con nosotros, nuestros aliados, los que están siempre alrededor. 
    • Valoramos de nuevo qué necesitamos: producir menos y hacerlo mejor. 
    • La satisfacción llega con el trabajo bien hecho, reconocido y útil para los demás. Pero ¿cómo hacerlo? 
    • Abrirnos a la posibilidad de la intuición, la que siempre nos ha dicho por dónde continuar experimentando. 
    • Abrirnos al movimiento lento pero seguro, porque es el que habita en nosotros. 
    • Decir que no unas cuantas veces para abrirnos a las nuevas posibilidades del sí. 
    • Transformar el proyecto determinado y finito en un proyecto infinito. 

> Vincular·se

    • Buscar entornos de verdadera confianza con los clientes, públicos y privados.
    • Crear entornos honestos y conscientes, donde nos valoran por lo que sabemos hacer y podemos ofrecer. Sin juicios, con los colaboradores, aliados, etc. 
    • Cuando hay confianza tenemos más capacidad de respuesta y enfrentamos todo con más responsabilidad aún. Esto nos ayuda a no fijar respuestas de antemano. 
    • No vivir instalados en el conflicto. Mirarlo de frente, pero seguir en el movimiento. 
    • Volver a evaluar que lo personal está siempre en nuestros desarrollos creativos y profesionales.
    • Seguir escuchando·se. El proyecto está siempre delante de nuestros ojos. 
    • Reconocer las cosas buenas que ya tenemos cerca, y tratar de crear con ellas. 
    • Cerca es siempre un buen objetivo. 
    • Encontrar nuestra la vinculación con el entorno a través de otras personas, seres o cosas vivas. 
    • Vincularse con lo que nos enriquece, nos cuida y nos alegra. 
    • Desarrollar el laboratorio del vínculo. 
    • […] Añade tus aprendizajes aquí. 

Está enunciación podría llevar a algún lugar concreto, pero creo que el lugar concreto hoy, no importa, sino los pasos que puedas dar en una tendencia. Un pasar de ¿dónde estoy?  a un ¿hacia dónde vamos? En este camino, claro que tenemos que poner a las personas en el centro, pero aún diría más, tenemos que situar los afectos en el centro. Porque ¿desde qué lugar hacemos lo que hacemos?, ¿desde qué necesidades afectivas proponemos los desarrollos para nosotros y para los demás?, ¿a qué realidades afectivas responden?. ¿hemos sido ya capaces de detectarlas? 

Si hay un afecto que nos mueve a todos los seres, es la curiosidad “hacia algo que aún no sé si me interesa“, como diría Morizot. Ese es el afecto que hemos inventado todos los seres para considerar la novedad, lo extraño, lo diferente y lo que nos permite metabolizarlo. Y la curiosidad genera atención. Con curiosidad y atención llegamos a un paso que todos necesitamos dar en nuestros procesos de laboratorización de nosotros mismos: el atrevimiento. Un afecto del que nacen todos los proyectos infinitos, todos los laboratorios de lo real, que son capaces de transformarnos como seres y como especie. A todos de una manera diferente. Porque el verdadero laboratorio nos sirve para encontrar nuestro propio vínculo con la vida, y este se manifiesta de una manera única y singular en cada ser vivo de este planeta. 

 

Tres propuestas para un laboratorio de ti mismo

 

Durante la redacción de este texto, han ido apareciendo tres posibles laboratorios para generar un prototipo de ti mismo. Estas propuestas pueden hacerse desde uno mismo o en un colectivo. Cómo todos los ejercicios, estas reflexiones nos ayudan si las hacemos desde lo concreto y particular de cada persona, proyecto o entidad. De esta manera podemos pasarnos por el laboratorio para acercarnos al prototipo de uno mismo. Y desde ahí, simultáneamente indagar en una transformación colectiva aún mayor. Tres son las propuestas / herramientas para ser el laboratorio de ti mismo.

1. El laboratorio de lo salvaje

Es en realidad el laboratorio de una sensibilidad más que humana y que vibra más con nosotros. Y es desde esa sensibilidad compartida, desde el que podemos ser más compasivos con nosotros mismos y con los otros humanos y seres. Un lugar donde podemos sentir la animalidad múltiple en nuestro propio cuerpo.

2. El laboratorio del vínculo

El laboratorio compartido con personas, proyectos, entidades que están a nuestro lado para ayudarnos, para hacernos más fácil el itinerario. Personas que pueden vibrar con nuestra sensibilidad para construir juntas desde ahí. Encontrar la mejor compañía en nuestro camino, porque el camino lo hacemos siempre acompañadas. No hacemos nada solas en esta vida. Hallar nuestro vínculo con la vida es siempre un proceso que nos termina haciendo la vida más fácil.

3. El laboratorio del atrevimiento

El lugar donde atrevernos a compartir desde nuestra sensibilidad más sutil y más fina, donde no escondemos lo que somos, lo que sentimos, lo que nos constituye. El laboratorio donde vamos dando pasos de atrevimiento para construir lo colectivo desde la potencia y la emancipación de lo personal, no desde su anulación bajo el paraguas común.

Para estos tres laboratorios hace falta una arquitectura afectiva, que es precisamente material e inmaterial al mismo tiempo. Los atributos de esta arquitectura afectiva, que todos podemos construir, parten de la creación de un espacio de confianza, respeto y seguridad afectiva real. Un lugar donde, al menos por unos momentos, podemos dejar fuera del espacio los bastones en los que sujetamos nuestra existencia: nuestras categorías, disciplinas, creencias… Y en ese espacio, no dar nada por supuesto, ni siquiera a nosotros mismos. Un espacio desde donde poner en marcha los tres laboratorios propuestos, como los que hemos lanzado desde Arquitecturas Afectivas, con diferentes nombres y formatos, como son: el libro “Las Casas que me habitan”; la formación académica independiente Ecologías Afectivas; y próximamente un laboratorio del atrevimiento con un formato y nombre aún por situar. 

 

El yo es una ficción

 

Termino con una aclaración para que nadie se lleve a engaños. El laboratorio de ti mismo, es un laboratorio del nosotros. De un nosotros extendido y ampliado. Porque en lo más profundo de tu cuerpo, ya no estás tú, sino todo lo que conforma el nosotros más infinito que seas capaz de imaginar. Es en ese punto al que llamamos yo, el lugar donde los mundos exteriores e interiores confluyen. Es el punto infinitesimal de un reloj de arena. El lugar que atraviesa y es atravesado por todo, solo si nos dejamos atravesar. El reloj de arena, no puede funcionar solo con uno de sus conos necesita de una realidad simétrica y también infinita desde donde poner en práctica lo aprendido, lo conocido y lo que aún está por conocer.

Laboratorizarse, es el proceso de no poner límites al conocimiento. Porque tanto el exterior como el interior también son una ficción. Y en el lugar de la continuidad del reloj de arena, en el paso infinitesimal de un lugar a otro, en ese lugar… el yo no existe. Solo existe un vínculo con el mundo ajeno. Porque el mundo planetario, gaia, o como deseemos llamarlo, es siempre ajeno y propio al mismo tiempo. El laboratorio de ti mismo, es el laboratorio de todos nosotros. Tú eres el laboratorio. 

 

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Mauro Gil-Fournier Esquerra. Doctor arquitecto, investigador y profesor. Tras una dilatada carrera profesional en proyectos y estudios como estudiosic, vivero de iniciativas ciudadanas o Mares de Madrid, funda Arquitecturas Afectivas, una comunidad que hace arquitectura con placer. También comparte experiencias y saberes en entornos de aprendizaje independientes como Ecologías Afectivas y HIP Ciudades.

 

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Índice de imágenes

– Imagen 01 Vara de Jacob. Dibujo de Mary Evans Picture Library. Fuente: Fineartamerica
– Imagen 02. Rosa de los vientos, Geographicus, Anemographica de Jannson, 1650. Fuente: Wikimedia
– Imagen 03. Reloj de arena, Middle Temple Library. Fuente: Fineartamerica
– Imagen 4: Mauro Gil Fournier Esquerra. Autor: @sergiosayago